viernes, 14 de enero de 2011

Ni una muerta más: a la sombra del olvido.

Para muchos el nombre de Alma Chavira Farel, puede no significar nada. Para otros, es el nombre que encabeza una larga lista de niñas y mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, desde 1993. Y para muchos otros, es el símbolo de la impunidad: palabra fuerte y desgastada, que retumba en la voz llena impotencia, de cientos de familiares, en espera, y eso en ciertas ocasiones, de recuperar los restos de sus muertas. La gran mayoría de los medios masivos, después de haber realizado el show pertinente, y haber explotado al máximo el tema, lo abandonan, lo dejan a la sombra del olvido: ya no es noticia hablar de mujeres asesinadas. A pesar, por ejemplo, de que el Estado de México, se archivan alrededor de 900 homicidios de mujeres, y que desde luego son asesinatos impunes. Y ni hablar del reciente homicidio de la activista Susana Chávez, a la cual se la acuño la triste frase: “Ni una muerta más”. Y que según las autoridades, fue asesinada por tres jóvenes, que había conocido en un bar ese mismo día. Lo que nos deja un panorama desolador: como aquella imagen de cruces de madera en medio del desierto. Estaría de más debatir las inconsistencias legales, jurídicas, morales y religiosas que circunscriben los feminicidios que suceden, no sólo en Ciudad Juárez, sino en todo el país. Y que más allá de la nota roja, encomiendas especiales, y del toque sentimentalista que le han dado los mass media,  es un hecho real, duro y crudo,  que en Chihuahua, en el Estado de México, en Guerrero, y en casi cualquier rincón del país,  están asesinando mujeres, bajo el cobijo de la impunidad.   Lo que quizá no deberíamos dejar de lado es el olvido al que se le condena con nuestro silencio.        

                                                                                                Luis Martínez Vázquez


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