Sin duda alguna, la experiencia de vida, o al menos así debería ser en la práctica, es un boleto de tren personal: intransferible, válido por un sólo viaje y a un sólo lugar. Con sus estaciones, sus inclemencias, e independientemente de lo que ocurra en el viaje, con su destino. Pero de una manera muy lamentable, en muchas ocasiones nos damos cuenta que nuestro boleto: o lo utilizó otra persona (mamá, papá, pareja, etc.,), o perdimos la fecha de abordaje. Y en esas ocasiones lamentamos la irremediable pérdida, y quisiéramos recuperarlo de una manera u otra. En muchas otras ni siquiera nos damos cuenta de que teníamos ese boleto. En mi caso, les comparto mi viaje, con muchas fotografías, una gran bitácora, y detalles de esta experiencia de ser un viajero: Bienvenidos.
Luis Martínez Vázquez
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