lunes, 24 de enero de 2011

¿Quién mató a Marcos?

No daba crédito a mis ojos soñolientos. Es un mal sueño, me dije para convencerme de que la figura que veía frente al trajeado conductor del noticiero de la mañana, tenía pasamontañas, algo que parecía un traje militar, y tenía una pipa en la boca. Aquel personaje se parecía a Marcos, actuaba como Marcos, hablaba como Marcos: ¡Era Marcos! Ahora sí, salté de la cama como si estuviera electrificada, lleno de asombro, le subí el volumen al televisor.
Llegue a creer, iluso de mi,  como mero acto reflejo de sobrevivencia intelectual, que mi mente me jugaba una mala pasada. No fortuita,  ya que había pasado la última semana leyendo noticias, ensayos, artículos, notas de periódicos, páginas Web, y en fin, todo lo que encontraba a mi paso acerca del autodenominado “Delegado Zero”, “La otra Campaña” y, de los últimos hechos violentos que habían acontecido en la población de Atenco, tras la captura de Ignacio del Valle. Quizá verlo ahí sentado, al Sub,  en ese foro de televisión era una alucinación o  especie de delirio por tanta información que había leído. Era una posibilidad, la otra era que en realidad él estuviera ahí.
Incluso la negación hizo lo suyo: ¡No, cómo paso a creer que es él, ahí en Televisa… él nunca haría eso… él no…  lo estoy soñando! Me acodé de nuevo en la almohada y cerré los ojos, convencido que sólo estaba alucinando, cuando escuché nítidamente en la voz del conductor: “Al regresar, una entrevista con el subcomandante Marcos vocero del EZLN, regresamos”. Ya no podía seguir negándolo, era él, me dije con desolación: Marcos el guerrillero, el rebelde, el insurgente.
 Me sacudí el letargo y el asombro, me tallé los ojos y me acerqué al televisor a esperar a que terminara el larguísimo corte comercial. Y sí, ahí estaba, como lo había visto en cientos de fotografías, documentales o noticias; en mítines frente a miles de personas,  levantando su brazo y haciendo la “V” de la victoria. Era el mismo que conocí cuatro años atrás en la UAM Xochimilco, cuando era estudiante de psicología, y no formaba parte del selecto grupo de desempleados.  
 Marcos, el guerrillero encapuchado más conocido de todos los tiempos (después del Santo y Batman desde luego); el escritor y el contenido de notas; el poeta y musa; el genio estratega de los medios; el sin rostro y todos somos marcos; el sub, el delegado Zero, o  Sebastián Guillen; el héroe, el no-indígena, el protagonista; el icono de lucha de cegeacheros y atenquenses;  el Che a la  mexicana con su inseparable diadema de comunicaciones y de pipa en boca; el Lucio Cabañas de los noventas;  el bromista, el serio; el misterio, el metrosexual de las mujeres intelectuales, y no tan intelectuales; el número uno en el Top Ten de los insurrectos mexicanos, o simplemente Marcos: la leyenda. El hombre preciso de palabra oportuna; de frases memorables; “el para todos todo nada para nosotros”; el geógrafo que ubicó en el mapa del mundo a Chiapas y San Cristóbal; el historiador que sintetizó quinientos años en cuatro letras “EZLN”; el etnólogo que se hizo indígena y renació en la Selva Lacandona; el guerrillero que cimbró a un país entero bajo los efectos de un partido-dictadura; el intelectual que le dio vida a las ideas y la utopía.
Me acerqué tanto como pude a la pantalla. Seguía atónito ante un Marcos con marcados acentos de envejecimiento, con el tiempo a cuestas en sus ojos, en sus manos, en su vientre, en sus palabras, en sus respuestas.  Asechado por un conductor de televisión que tiraba preguntas a quema ropa. Aquello más que entrevista parecía un juicio sumario por delitos de subversión o terrorismo. Ante un Marcos con un discurso desgastado, repetitivo, marchito.  
Entre los cortes comerciales pedí a todos los santos subversivos, desde Zapata hasta el Che,  que Marcos se defendiera ante el embate. Pero no, todo quedo ahí. Al final sólo un hombre sorprendido con la guardia baja, aceptando a regañadientes el paso del tiempo, lo gastado de su lucha, el descenso de su raiting. Reconociendo que miles de seguidores ahora hacían fila para otro show, otro espectáculo: el de la pura nostalgia intelectual.
 Un Marcos que no fue derrotado por el Ejercito, ni por el Gobierno local o Federal; que no fue derrotado por un López Obrador con delirio de persecución o un Calderón Hinojosa con complejo de grandeza; o un Roberto Madrazo en pleno Edipo; no fue vencido por un PRI vejestorio o un PAN doble moral o un PRD populachero. No, Marcos no fue asesinado por una bala, o un AK-47, ni por un soldado o un general; ni mucho menos por un Salinas autoexiliado, o en huelga de hambre.
Al verlo ahí sentado buscando un tercer aire, acusando a la otra televisora de la desinformación por los hechos ocurrido en Atenco, entendí que Marcos fue derrotado y asesinado por el tiempo, él que no perdona, el que nunca se detiene. Apagué la televisión. Fui testigo del ocaso de un guerrillero, en vivo y en directo, en el reality show de nuestro tiempo: los noticieros. Un Marcos que busca irse con una gira del adiós, aunque no había necesidad de eso, él siempre fue grande. Marcos no es historia, el hizo historia. Otra ronda de nostalgia pa todos, yo invito. 


LUIS MARTÍNEZ VÁZQUEZ

2 comentarios:

  1. Muy buena nota Luis, pero a la vez nostalgica, recuerdo la vez que Marcos andaba con el movimiento de la otra campaña y con ese movimiento llego a Huixtla, Chiapas lugar a donde acudi a escuchar y verlo como uno de tantos fieles seguidores de su ideología. En esa ocasión tenia no mucho que en Chiapas había azotado el huracan stan habia en la gente necesidad de creer en algo o en alguien, necesitaban una esperanza y Marcos la llego a dar escuchando a muchas personas expresar y demandar las irregularidades e imjusticias que son comunes en los gobiernos y gobernantes. Todos esperabamos anciosos la respuesta de Marcos del sub, y al final como a media noche marcos dio un discurso en el que dijo y prometio muchas cosas entre ellas volver a ese mismo lugar y asi nos quedamos esperando. Creo que en ese entonces Marcos ya no podia seguir adelante, estaba cayendo en la misma corriente que empuja a los politicos a mentir y a quedarle mal al pueblo. Para mi esa noche sin saberlo moria El subcomandante Marcos, pero perdurara inevitablemente en la historia de nuestro Chiapas y nuestro México...

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  2. Gracias por los comentarios. Inevitable pensar, hablar y escribir sobre ciertos personajes de nuestra historia personal. Vale, salud y trabajo estamos en contacto.

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